Sabiduría es también practicar el “desapego”

¿Y tú, practicas el desapego cada día? Dicho de esta forma estamos seguros de que puede levantar cierta extrañeza e incluso alguna contradicción.

El desapego no es una actitud nacida de una personalidad egoísta que busca solo valorarse a sí misma, rompiendo el vínculo con todo aquello que le rodea. En absoluto. El desapego es una necesidad vital y parte de nuestro crecimiento personal. Es necesario dejar de reforzar relaciones que nos hacen daño, liberarnos de los excesos, de las dependencias… Es vivir en honestidad con nosotros mismos y con nuestro equilibrio emocional.


Está claro que jamás practicaremos el desapego con todo aquello que es importante para nosotros, y que a su vez, nos aporta una serie de refuerzos positivos capaces de enriquecernos, de hacernos mejores personas.

No obstante, si llevamos a cabo un pequeño ejercicio de reflexión nos daremos cuenta de que a nuestro alrededor, flotan muchas dimensiones, situaciones y personas que nos ponen su ancla hundiéndonos cada día un poco más.

Y debemos tener cuidado, porque en ocasiones, podemos responsabilizar a otros de nuestra infelicidad, pero también sería necesario practicar el desapego hacia ciertas actitudes propias, hacia algún pensamiento limitante, miedos e incluso inseguridades.

Hablemos hoy sobre ello invitándote como siempre, a que reflexiones con nosotros.

El desapego como técnica de conocimiento personal





Nos lo pueden vender, nos pueden hablar del desapego en mayúsculas e incluso rotularlo con fosforescentes. Sin embargo, sabemos que no es fácil practicarlo ni llevarlo a cabo de forma tan rápida.

Practicar el desapego requiere ser consciente de todo aquello que no enriquece nuestra vida. Ahora bien… ¿Cómo romper entonces ese vínculo nutrido en el pasado por tantas y tantas emociones, sueños y esperanzas?

Con valentía. En esta vida nada parece surgir con la serenidad de una brisa fresca de verano, es como si necesitáramos tormentas para aprender, para ser conscientes de que en ocasiones, no es más valiente quien más soporta, sino quien se atreve a dar el paso… y dejar ir.

El desapego es ante todo una técnica que nos permite conocernos mucho mejor para establecer límites, y vivir en equilibrio con nosotros mismos. Toma nota de los siguientes aspecto con los cuales, poder llegar a profundizar mejor en este aspecto básico para nuestro crecimiento personal.

1. Tú eres el protagonista de tu propia vida y el único responsable



Hay quien vive dependiendo de lo que dicen, hacen o dejan de hacer los demás para ser felices. En ocasiones, hasta un gesto puede ser interpretado como indiferencia, desagrado o incluso repulsión.

Estamos hablando, por ejemplo, de esas parejas que centran toda su existencia y universo particular en la otra persona, casi de un modo obsesivo, generando una dependencia donde frases como la siguientes, suelen ser muy comunes: “Sin ti no soy nada, si no estás a mi lado es como si me faltara todo, como si la vida no tuviera ningún sentido…”



No podemos negar que en las relaciones afectivas siempre va a a existir “cierta” dependencia: queremos a la otra persona, y por tanto el vínculo es fuerte e intenso. Ahora bien, esa dependencia no debe consumir nuestra propia identidad, ni permitir que la felicidad esté siempre guardada en el bolsillo de la otra persona.

• Tú eres el protagonista de tu propia vida, las personas que elijas deben pues complementarte para enriquecerte, no para anularte.
• Practica el desapego hacia la dependencia absoluta por los demás. Nadie va a respirar por ti, ni nadie está en la obligación de llenar cada día tus vacíos, o aliviar tus miedos.

Sé el artífice de tu propia vida, y de tu propia riqueza interior como persona. De este modo crearás vínculos más íntegros y maduros con quienes te rodean.

2. Asume la realidad



Hay quien no quiere ver. Hay quien, por ejemplo, no acepta que sus hijos deban aprender a ser independientes, responsables y autónomos. Decirle a una madre que debe practicar un “desapego saludable” y progresivo con sus niños no es fácil de hacer entender.

En este caso lo que intentaríamos es que se asumiera una clara realidad: que todo hijo necesita de la confianza de los padres a la hora de tomar decisiones, de dar ciertos pasos. Es practicar el desapego hacia la dependencia, hacia “el miedo obsesivo a que les pase algo, a que se equivoquen…”

El desapego necesita también cierta dosis de realidad, ahí donde descubrir en nosotros mismos ciertas creencias limitantes, o incluso obsesiones que lejos de hacernos libres, nos amarran a dimensiones casi obsesivas.



3. Tú eres libre, y debes también promover la libertad de los demás



Quiero una libertad sin amarres, ahí donde todos podamos encontrarnos para aprender, para disfrutar y enriquecernos con nuestros propios mundos, nuestros afectos y particularidades.

Quiero un día a día donde poder disfrutar del presente sin mantener apegos obsesivos con los errores del pasado, los fracasos o las pérdidas. Asumo mis pérdidas, las entiendo y las acepto para crecer y poder avanzar en libertad.

Quiero confiar en mi mismo y en mis posibilidades para conseguir mi sueños, permitiendo a su vez que tú alcances los tuyos. Porque yo no soy nadie para cortarte tus alas, ni tú puedes poner cerrojos anhelos…