Depresión mayor, la más incapacitante: 6 aspectos que debes conocer

La depresión mayor es el trastorno depresivo más grave.

Vivimos en una sociedad muy avanzada en aspectos tecnológicos y sociales pero, en realidad, nuestra asignatura pendiente sigue siendo el mundo emocional, esos rincones privados donde millones y millones de personas quedan atrapadas con mayor frecuencia.

La depresión es una de las enfermedades más comunes de nuestra actualidad y, sin embargo, su eco sigue siendo silencioso y discreto, una realidad incómoda que no todo el mundo sabe cómo poner sobre la mesa, cómo comunicarla.

Cuando lo hacemos, es común que más de uno nos diga aquello de “pues anímate, eso con voluntad y algo de alegría se supera, tienes que cambiar un poco el chip”.

En la actualidad, la mayor parte de la población sigue asociando “depresión” a “tristeza“, como si para superar una depresión bastara con reír un poco más, con cambiar de aires… Cuando en realidad, es algo más profundo y descarnado.

Se nos olvida en muchos casos que la tristeza, más allá de su connotación negativa, tiene un valor adaptativo: nos ayuda a a reflexionar, a practicar ese recogimiento interior donde uno afronta los duelos, las dificultades cotidianas.

En la depresión mayor, la tristeza no es adaptativa, sino todo lo contrario. Lo que hay en realidad es una serie de procesos internos muy oscuros, afilados y desgastantes que sumen a la persona en una indefensión continuada.

Hoy en nuestro espacio queremos hablarte de sus principales indicadores.

1. La anhedonia en la depresión mayor

En efecto, ninguna depresión se explica de forma exclusiva con “estar triste” y, de hecho, la depresión mayor es la que se coloca en el extremo más tortuoso y persistente.

Lo que se experimenta ante todo en este tipo de trastorno es anhedonia, y las características de la misma se resumen de la siguiente forma:

• Desinterés por aquello que nos envuelve.
• Incapacidad de sentir placer con cualquier cosa.
• Cansancio extremo.
• Irritabilidad constante.
• Falta de iniciativa.
• Incapacidad para realidad cualquier actividad (y no porque la persona tenga un problema físico); se trata simplemente de que no tiene energía, ánimos ni ganas…

2. Hay determinados síntomas que siempre aparecen



Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-V), deben darse al menos 5 síntomas muy concretos para que la persona sea diagnosticada con este tipo de enfermedad.

Entre estos síntomas podemos encontrar:

• Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día y casi todos los días.
• Pérdida de interés por esas actividades que antes agradaban a la persona.
• Insomnio o sueño excesivo.
• Subir o bajar de peso en poco tiempo.
• Problemas de concentración e incapacidad para tomar decisiones.
• Sentimientos de culpabilidad.
• Fatiga extrema.
• Pensamientos suicidas.
• Lentitud motora.

3. Aspectos de exclusión y que no pueden relacionarse con la depresión mayor

Los manuales de diagnóstico explican, a su vez, que hay una serie de dimensiones que no deben aparecer en la vida del paciente para poder ser diagnosticado con este trastorno depresivo.

Son las siguientes:

• La depresión mayor no se puede asociar al duelo y a esas semanas posteriores tras perder a un ser querido o cuando vivimos una separación afectiva (recordemos que el duelo es un proceso normal con el que afrontar una perdida).
• La persona tampoco puede padecer un episodio de manía, ni trastornos psicóticos u otro tipo de enfermedades.

4. No hay un solo tipo de depresión mayor



Algo que debemos tener muy claro cuando hablamos de trastornos mentales es que cada caso es único, cada persona es excepcional y presenta una serie de características propias y que, por tanto, es necesario saber atender.

Asimismo, es importante destacar que dentro de la depresión mayor hay dos subtipos.

Son los siguientes:

• Depresión mayor con episodio único: La persona experimenta este tipo de depresión una sola vez en la vida.
• Depresión mayor recidivante: En este caso la realidad es mucho más compleja y, de hecho, es la más común. Son muchos los pacientes que han tenido que afrontar una depresión mayor ya en la adolescencia y después más de una vez en la edad adulta.

5. ¿Qué origen tiene?

La depresión mayor es un tipo de condición compleja, con muchos matices, lagunas y agujeros negros, tanto para la propia ciencia como para los pacientes.

Esto es así porque estamos ante un trastorno que, por lo general, no tiene un solo desencadenante, es una fenómeno multifactorial.

• Por una parte está la genética.
• La crianza, la educación recibida y los posibles traumas vividos son factores que valorar.
• Las adversidades experimentadas en la juventud, así como nuestro contexto social, también son posibles indicadores.
• La personalidad del afectado también es determinante (baja autoestima, indefensión aprendida, problemas cognitivos…).
• Los problemas económicos y estos tiempos de crisis también actúan como factores potenciales.

A su vez, tampoco podemos olvidarnos de algo esencial: muchas veces se debe a un problema químico, a una bajada de las dopaminas y, por tanto, es esencial siempre recibir una medicación adecuada.

6. La depresión mayor tiene tratamiento



A la hora de abordar la depresión mayor necesitamos varios enfoques, y de hecho, cuantas más opciones tengamos a nuestro alcance, mejor.

• Las esenciales, las que nadie puede descuidar, son los psicofármacos por un lado y la psicoterapia por otro, siendo el enfoque cognitivo-conductual el más apropiado.
• Por otra parte, tenemos a nuestro alcance el mindfulness o incluso técnicas más emocionales, como la imaginación racional emotiva, el entrenamiento en asertividad o el entrenamiento en solución de problemas…

Cada persona debe hallar aquella estrategia, aquella puerta y esa salida que más le ayude a afrontar poco a poco su depresión.